Desde que era un niño, siempre he tenido la sensación de que las tardes del domingo tienen algo malo. Por muchos años, la tarde del domingo significó que me llevaran a misa y estar en un ambiente deprimente. Mi percepción ha cambiado y ahora solo veo el ir a un templo como algo curioso, pero antes era triste. Claro que me pregunto ¿cómo no iba a ser triste? Si lo que haces es tomar a un niño pequeño, lo alejas de la alegría y despreocupación de jugar y lo llevas a que le digan que es un ser intrínsecamente malo y que necesita estar arrepentido y pidiendo perdón por todo hasta que se muera.
Ahora lo que siento es distinto, me la paso bien casi siempre con mi novia o amigos, pero aún así la sombra de aquella sensación se cierne sobre mí y me envuelve poco a poco. No sé si culpar al hecho de que el lunes comienza otra vez el trabajo de la semana o qué, solo se que me deprime, escuche la música que escuche y esté con quien esté.

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